martes, 26 de abril de 2016

ACTO VI

Cómo me gustaría haber descubierto que esa era mi última capa... pero tenía la certeza de que no lo era. Despedazarme una y otra vez, alcanzando un falso núcleo que no era más que el envoltorio de otro de mis traumas resultaba... casi conmovedor. Protagonista  heroico, a la vez que el más retorcido de los villanos, danzaba con osadía girando sobre mis propios pies, a la vez que levantaba mis brazos y, enajenándome del cruel anochecer,llevaba a cavo el apocalíptico papel que me asigné al comenzar la vida. Parecía real, parecía levantarme entre las estrofas del guión y, en ocasiones, parecía disfrutar siendo una mentira. Me mentí un poco, sonreí, y fingí que mi mayor dolor estaría en alguien ajeno a mi. Suena desgarrador ¿No es cierto? Ser un desconocido para mi mismo no era el más patético de los actos, lo más dantesco era que algún día creí que míseramente podía llegar a saber mi nombre. Ni siquiera tuve la certeza de lo que llegaba a ver tras la sombra que proyectaron sobre el techo mis tristes párpados, ni de lo que mis manos palpaban, ni de lo que mis pies pisaron, ni de lo que mi huesuda muñeca consigue esculpir ahora, horas después, sobre el papel. Suena irónico. Los sollozos más inocentes recitaron en mis labios su más sincera prosa y preferí sentarme y aplaudir en lugar de velar por la muerte de otro de mis envoltorios de plástico gris. Las palmas fueron palomas con un aleteo opaco sobre el ocre atardecer.El último rayo de luz fue uno de los clavos oxidados que atravesaron las palmas de mi mano, anclándome a ese recuerdo. Mientras tanto, cerré con fuerza los puños. Mientras mis ojos se entornaban, esperé ansioso el rubor de la mañana sobre mi espalda. Aguardé sobre las turbias sombras de la semiinconsciencia y entonces, el ayuno de los más coloridos pétalos cesó. Sentí florecer sobre mis hombros la primavera, arrojando costillas abajo su perfume dulzón, hasta regar el seco suelo y convertirlo en verde hierba que ahora besa mis rodillas magulladas. Si la inspiración falleció, este debe de ser su más fiel homenaje póstumo. Me tienden la mano... si me conociese diría que voy a negar con la cabeza. Si me conociese...-No habrá jamás proverbio, evangelio, sura, lágrima o cicatriz, que en silencio confiese tanto como acaba de hacer mi corazón.

miércoles, 13 de abril de 2016

Apenas quedan tres abismos entre nosotros y  el consuelo de que algún "ojalá" amenizará estos 102 años luz que separan nuestras manos.Nuestros rasguños cicatrizarán dolorosamente añorando una gélida caricia mientras los besos que consiguieron escapar, se esconden de puntillas en tu nuca y amenazan con saltar al vacío. Quizá entonces dejaremos de ser las víctimas de la dulce ironía. Quizá entonces el karma nos dejará dar una bocanada de aire fresco, antes de estrangularme mientras miras temblando. Quizá entonces, sólo entonces, podré regalarte el último suspiro, el último te quiero y quizá entonces, sólo entonces, habría muerto de amor. Seré el mártir cupido, que prefirió lanzarnos el arco, en lugar de la flecha, para ser nosotros quien nos disparásemos en el pecho dándonos la espalda, fingiendo que tenemos una vida ajena al otro, solo para evitar vernos sangrar. Fingiré estar ciego para conseguir frenar el temor a ver tan siquiera un reflejo que se asimile a tu sombra... porque siento que una vez más el invierno se me escapa entre los dedos, y me duele. Casi tanto como duele el aire que nos separa, casi tanto como duele quererte. Casi tanto como "dueles tú" 

viernes, 1 de abril de 2016

Viejas glorias.

Sexo femenino.73 años. Estatura media-baja. Cabello rubio ceniza y escaso, pero la laca hábilmente ha conseguido disimularlo con estrictas ondas que parecen ser casi de hojalata. Pasos cortos pero veloces. Se desliza casi saltando con las puntas de sus pequeños pies. Parece tener prisa, pero en realidad huye de algo. ¿Profesión? Sus labores. ¿Intereses? Lo que no le interesa. ¿Aficiones? Hacer molde. Algunas veces ha intentado probar suerte con la repostería, pero no, no la ha tenido. Consigue arrastrar su figura resultona hasta el final de la escalinata de la iglesia.  Los acusados brochazos de colorete magenta parecen tener por fin un propósito ajeno a ser una evidencia de su vanidad desproporcionada, ahora escondían el rubor de sus mejillas por la fatiga. Suspira, se asegura de que su cabello sigue impoluto y emprende la entrada al templo. Accede por el pasillo izquierdo, moja sus rechonchos dedos de agua bendita y... ¿Se los lleva a la nariz? Celebraría con dicha que los niños de la calle contigua hubiesen cambiado el agua bendita por ginebra.
-No redimiría el pecado... Pero lo maceraría - Piensa en voz alta. Se santigua y se acerca a "su banco".
Reposa en él y tenuemente entorna sus ojos ante la sumisa mirada de María. Duerme. El sacerdote comienza la eucaristía con el sonido de los secos ronquidos que amenizan la velada. Su cuello cede hacia adelante bruscamente y su cráneo se balancea hacia adelante haciéndola despertar.
-¡Amén! - Exclama mientras se levanta exaltada y sale por donde entró. Moja sus dedos en el agua bendita y...ahora tiene la certeza de que no es ginebra. Fanática del paracetamol, las medias tupidas y Mocedades, pepera hasta el cartón, abandona la iglesia pensando en cómo contar de la manera más impactante lo bien que lo ha pasado a un polvoriento retrato del tamaño de una lata pequeña. Hoy ha abusado del Orfidal. Dormirá como un lirón, estará agotada.