viernes, 1 de abril de 2016

Viejas glorias.

Sexo femenino.73 años. Estatura media-baja. Cabello rubio ceniza y escaso, pero la laca hábilmente ha conseguido disimularlo con estrictas ondas que parecen ser casi de hojalata. Pasos cortos pero veloces. Se desliza casi saltando con las puntas de sus pequeños pies. Parece tener prisa, pero en realidad huye de algo. ¿Profesión? Sus labores. ¿Intereses? Lo que no le interesa. ¿Aficiones? Hacer molde. Algunas veces ha intentado probar suerte con la repostería, pero no, no la ha tenido. Consigue arrastrar su figura resultona hasta el final de la escalinata de la iglesia.  Los acusados brochazos de colorete magenta parecen tener por fin un propósito ajeno a ser una evidencia de su vanidad desproporcionada, ahora escondían el rubor de sus mejillas por la fatiga. Suspira, se asegura de que su cabello sigue impoluto y emprende la entrada al templo. Accede por el pasillo izquierdo, moja sus rechonchos dedos de agua bendita y... ¿Se los lleva a la nariz? Celebraría con dicha que los niños de la calle contigua hubiesen cambiado el agua bendita por ginebra.
-No redimiría el pecado... Pero lo maceraría - Piensa en voz alta. Se santigua y se acerca a "su banco".
Reposa en él y tenuemente entorna sus ojos ante la sumisa mirada de María. Duerme. El sacerdote comienza la eucaristía con el sonido de los secos ronquidos que amenizan la velada. Su cuello cede hacia adelante bruscamente y su cráneo se balancea hacia adelante haciéndola despertar.
-¡Amén! - Exclama mientras se levanta exaltada y sale por donde entró. Moja sus dedos en el agua bendita y...ahora tiene la certeza de que no es ginebra. Fanática del paracetamol, las medias tupidas y Mocedades, pepera hasta el cartón, abandona la iglesia pensando en cómo contar de la manera más impactante lo bien que lo ha pasado a un polvoriento retrato del tamaño de una lata pequeña. Hoy ha abusado del Orfidal. Dormirá como un lirón, estará agotada.

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